El cuerpo. Sabíduria corporal. Pérdida y reencuentro

En todo momento, …, mientras lees este artículo están teniendo lugar un sin número de actividades maravillosas en tu cerebro y tu cuerpo que no requieren tu atención consciente y que suelen pasar indvertidas: tu respiración está llevando oxigeno a tus pulmones, tu corazón está bombeando sangre, la comida se transforma en energía y se crean nuevas células, …, tus músculos se sincronizan para poder manejar el ordenador …, tu cerebro está decodificando e interpretando los símbolos de escritura para que tengan un sentido y un significado a medida que tus ojos trabajan de manera conjunta en la lectura de estas palabras …

Cuando somos capaces de reconocer esta sabiduría, podemos experimentar el cuerpo como una fuente de inteligencia, de información y de energía viva en constante cambio, que proporciona un apoyo continuo para nuestro funcionamiento físico y mental

Sin embargo, para muchos de nosotros, nuestros cuerpos han sido objeto de críticas, decepciones, frustraciones, atenciones no deseadas, abusos o heridas. En estos casos es probable  que perdamos la inteligencia innata de nuestros cuerpos, lo que dificulta que nos sintamos cómodos en ellos

Nuestros cuerpos se adaptan al trauma y al apego

Para asegurar nuestra supervivencia y maximizar nuestro bienestar nuestra sabíduria corporal hace que nuestro movimiento, postura y fisiología corporal se adapten a nuestras circunstancias particulares

Por ej.: si nuestros padres u otras figuras de apego (personas con quienes formamos un lazo emocional duradero) esperan que seamos modestos y que no llamemos la atención, podríamos desplomarnos (sobreenrairzarnos) y mantener nuestros cuerpos pequeños para poder obtener su aprobación, sin ni siquiera darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Si nos enseñaron a ser fuertes y asertivos, podríamos hinchar nuestros pechos o mantener un contacto visual inquebrantable … De modo inteligente, dejamos de extender la mano si no hay nadie ahí para dárnosla; dejamos de establecer contacto ocular si vemos desaprobación o rechazo en los ojos de nuestros padres 

A través de estos HÁBITOS físicos, nuestros cuerpos reflejan y sostienen, de modo automático las formas en que aprendimos a ajustar nuestras necesidades interiores a las demandas y expectativas de las personas importantes para nosotros

Para muchos de nosotros, lo que en principio fueron RESPUESTAS INNATAS ADAPTATIVAS al peligro y al apego inadecuado (como suele ocurrir en los traumas infantiles cuando no podemos pedir ayuda, defendernos o huir con éxito  ya que somos pequeños no sólo fisicamente sino también porque nuestro cerebro está en proceso de desarrollo y además no somos independientes ni autónomos sino que dependemos de los adultos …) continúan mucho después de que las condiciones hayan cambiado, provocando las mismas reacciones físicas que experimentábamos en la niñez: podemos continuar sintiéndonos paralizados, entumecidos o tensos a diario, podemos buscar constantemente ayuda, o estar listos para pelear o huir, …, mostrar sensibilidad intensa a los sonidos o los movimientos, asustarnos con facilidad, sentirnos distantes de nuestros cuerpos o experimentar una sensación de falta de vida …

LOS SENTIMIENTOS SOBRE EL CUERPO

Si no nos hicieron sentirnos seguros, si no nos trataron de un modo amable o si no nos dieron suficiente apoyo, es posible que nos sintamos avergonzados, hastiados o enfadados con nuestros cuerpos 

Es posible que otras personas se sientan en una situación crítica o estén decepcionados con sus cuerpos debido a enfermedades o a discapacidades, o porque su rendimiento atletico o sexual no es el ideal. A menudo esperamos mucho de nuestros cuerpos y queremos que, de forma irreal, sean “perfectos” en aparencia, salud o rendimiento, sin comprender que estas presiones son el resultado de las demandas, expectativas pasadas de nuestros padres, entrenadores, compañeros, o quienes abusaron de nosostros

DESCONECTAR DEL CUERPO

El DOLOR EMOCIONAL  de sentirse herido por personas importantes para nosotros, así como el dolor físico, como el que provoca el trauma, es “sentido” en el cuerpo

El dolor emocional puede manifestarse a nivel físico en forma de tirantez en la garganta, un aumento del ritmo cardíaco o dolor en el pecho, …

Cuando las sensaciones del dolor físico y emocional son desagradables o abrumadoras, podemos desconectar de ellas para no experimentar sufrimientos

Una desconexión del cuerpo puede ser sana y útil en el momento del trauma y del estrés emocional, porque permite que nos distanciemos de una situación dolorosa, aunque en realidad, esta permanezca presente de manera física. Sin embargo, podemos aprender a desconectar en previsión del sufrimiento y del malestar no solo como una solución temporal a la adversidad real si no convirtiéndose en una normal

Cuando no estamos conectados a nuestros cuerpos, podemos verlos como un problema (como algo que hay que ignorar o anular) o, a la inversa, como algo que hay que resolver, arreglar o reparar: tal vez desatendamos la tensión que sentimos, que ignoremos el malestar de una herida, exijamos más allá de nuestros límites  o nos confundamos al advertir los sentimientos de bienestar de nuestros cuerpos

Podemos desconectar de nuestros cuerpos hasta el punto de no cuidar de ellos: descartar las señales de las necesidades corporales, como las que indican hambre, sed o cansancio y fracasar a la hora de cuidar el cuerpo a través de una dieta, un sueño y un ejercicio adecuados, rechazar los síntomas físicos que requieren atención médica, o abusar de nuestros cuerpos con largas horas de trabajo, falta de sueño, comida, drogas, ejercicio compulsivo o autolesiones

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Cuando ignoramos, descartamos o anulamos las comunicaciones del cuerpo, perdemos la oportunidad de estar en contacto con su sabiduria innata y su potencial de de sanación y crecimiento

RECONECTAR CON EL CUERPO

Al principio reconectar con el cuerpo puede ser aterrador, frustrante o incluso abrumador, puede producir ansiedad, y no siempre es algo que pueda logarse de modo rápido ….

Podemos sentirnos intimidados por el miedo a que la reconexión con el cuerpo provoque que tomemos conciencia de las sensaciones (y las emociones) desagradables o dolorosas, o que desencadenemos recuerdos o emociones preocupantes

La PACIENCIA es nuestro mejor recurso

En vez de intentar forzarnos a nosostros mismos a cambiar, podemos esforzarnos por comprender y aceptar todos estos aspectos del cuerpo, especialmente aquellos que hemos repudiado o evitado ... Con el tiempo, el conocimiento y la comprensión nos llevarán a la aceptación y desde aquí a cambiar los patrones y los comportamientos antiguos y obsoletos

EL CUERPO COMO ALIADO

A partir de la comprensión básica de que el cuerpo no solo tiene versiones del trauma pasado y de las experiencias relacionales, sino también la capacidad para sanarlas, podemos aprender a trabajar con el cuerpo como aliado para superar nuestro condicionamiento pasado

Ejercicios:

  1. Una carta dirigida a tu cuerpo 

Propósito: Identificar las decepciones y la gratitud de tu cuerpo en relación con diferentes periodos de tu vida

Instrucciones:

1. Redacta una carta a tu cuerpo en la que expreses tu decepción por el modo en que sientes que te ha abandonado, te ha fallado o te ha reprimido

2. De igual manera, expresa tu gratitud por las distintas maneras en que te ha apoyado o te ha protegido, o te ha ayudado a sanar, a aprender cosas o a pasártelo bien

Para 1 y 2  piensa en tus recuerdos tempranos y describe las decepciones, y la gratitud que sentiste en  determinados momentos de tu vida, puede ayudarteprogresar de año en año a lo largo de tu pasado, hasta el momento presente en tu vida adulta ( por ejemplo si en la actualidad tienes 34 años comienza por tu historia de vida de 0 a 1 año,  de 1 a dos años …. hasta llegar alos 34)

2. Actitud y acción

Propósito: Identificar qué te gusta y qué te disgusta de tu cuerpo, y cómo lo tratas

Instrucciones: toma un folio y divídelo en cuatro partes

1. Ahora piensa ¿cómo te sientes con relación a tu cuerpo?:  trata de identificar qué te gusta y qué no, y descríbelo:

– Enumera lo que te gusta de tu cuerpo (primer cuadrante) y lo que no te gusta (segundo cuadrante)

2. Ahora, piensa en las formas en las que tratas a tu cuerpo y descríbelas

– Enumera formas en que respetas y cuidas de tu cuerpo (tercer cuadrante) y formas en que no lo haces (cuarto cuadrante)

3. Reflexiona sobre lo enumerado en los apartados anteriores y piensa en la conexión existente entre el modo que te sientes con relación a tu cuerpo y la forma en que tratas tu cuerpo

– ¿Qué actitudes y acciones promueven tu bienestar y cuáles podrías querer cambiar?

– ¿Qué primeros pasos puedes dar hacia ese cambio?

 

 

 

 

 

Acerca de elisaherrero28

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